Pluma de Quetzal

septiembre 13, 2009

Terror en la casa de Porfírio Díaz

Filed under: Comunidad y Cultura — Zorro Estepario @ 12:29 am

Habitación  con olor a muerte.

Habitación con olor a muerte.

Ciudad de México.- Los sótanos de una casona porfiriana es el sitio ideal y tétrico en el que viven los seres más espantoso, producto de las pesadillas de escritores de terror de la antigüedad y argumentistas de cine.

Se trata de la Sala de Terror del Museo de Cera de la Ciudad de México, ubicado en la calle de Londres número seis, colonia Juárez, en donde de la penumbra surgen visitantes monstruos y escenas en las que condenados son atormentados por toda la eternidad.

Ahí está, para horror de quienes se atreven a bajar a los sótanos de la casona,  Frederik Charles Krueger, o simplemente Fredy, la estrella de la serie de películas “Pesadilla en la Calle del Infierno”, que empezó, así, simplemente con ese nombre  y ahora llega hasta el número chorromil.

Conocido coloquialmente como el viejo cara de “chicharrón”, este personaje es interpretado por el actor Robert Englund, quien siempre viste con sweter verde y rojo, un sombrero gris y en sus manos hay guantes con cuchillos.

Este asesino serial, tiene en los niños a sus víctimas preferidas, pero un día los padres de los asesinados lo descubren y queman su rostro con gasolina, pero no muere vive eternamente en las pesadillas de les menores de edad.

De esa galería de terror, aparece el asesino Jasón Voerthes, quien acompañado con su sierra eléctrica se dedica a destazar a diestra y siniestra todo tipo de personas.

No podía faltar los muertos vivientes, zombis, que alguna vez fueron personas, pero por las malas artes de la hechicería y el vudu, ahora están condenados a vivir eternamente.

Asimismo, está la cámara de la tortura, ahí un sentenciado vive la eternidad de sus días colocado en una Cruz de San Andrés, mientras su rostro refleja la angustia de estar así, inmóvil por toda la vida, mientras que otro espera a que la cuchilla de la guillotina caiga sobre su cuello y le “haga la barba” completamente.

Todas ellas son figuras de cera, cuya elaboración es descrita en la página de internet de ese museo y que empieza con una mascarilla aplicada directamente al personaje modelo y mediante el modelaje.

La anatomía, escultura y hasta psicología intervienen en la manufactura de la estatua, cuyos detalles se hacen con base en las medidas exactas del personaje a reproducir y sus rasgos fisonómicos.

En promedio, las figuras del Museo de Cera de la Ciudad de México tienen un peso de 45 kilogramos aproximadamente, aunque algunas pesan más, como un saco de plomo, tal es el caso de la de Cuauhtémoc Blanco.

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